
Comienzo mi espacio para satisfacer mis necesiades de escritor frustrado... nunca tan melodramático, pero aqui publicaré lo que siempre quise dara a conocer al mundo.
Mi primer cuento a publicar salió de mi pluma el 21 de septiembre del 2004 y se titula...
La Noche Que Estuvimos Afuera
- ¡Eres una pura mierda!...
De inmediato la mesa cayó en silencio. Sentí que todos me miraban atónitos en silencio mientras vi que la cara de mi padre se había vuelto roja. No podía creer lo que le había dicho a mi padre. Por mi mente pasó la ligera idea de pedir disculpas, pero eso sería renunciar a mi causa y a lo que tanto amaba, aunque muy bien sabía que sólo era un capricho de niño.
La noche estaba muy helada y el sonido de la puerta azotándose con ira jamás lo olvidaré. Tenía la vista puesta en él, pero no en sus ojos, estaba demasiado asustado y sentía como las rodillas me temblaban. Había hecho esto miles de veces, pero éste era el primer enemigo del cual sentía un miedo horrible ¡me petrificaba! Sentí retumbar en la distancia los pasos del viejo al bajar por la entrada de la casa hasta el patio delantero donde lo esperaba con un miedo infernal. Todo ese silencio fue interrumpido por un ligero grito de mi madre dentro de la casa que ordenaba a todo el mundo alejarse de las ventanas. Entonces él dijo:
- Hijo… esto me va a doler más a mí que a ti - había demasiada tristeza en sus palabras.
A pesar de que jamás me había mentido en la vida, no pude evitar dudar de sus declaraciones: he visto como mis hermanos han vuelto a la casa muchas veces, más de las que se han peleado con él y he visto como le han pedido disculpas por sus actos, incluso yo estaba seguro que él me perdonaría esto mucho antes de pensarlo.
Estábamos con la vista fija el uno al otro y con los puños sumamente apretados. Se había acercado un poco más y sentía que me doblaba en el porte, inconscientemente me había parado en mis dedos. Sabía que él me hubiese dejado ir, pero no lo habría aceptado. Años de frustraciones me habían llevado hasta esta noche y ahora el pagara por todas las veces que tuvo la razón.
Todo terminó en menos de un minuto y me di cuenta que la sangre venía de mi boca y mi nariz, pero que las lágrimas venían de sus ojos. Apreté la tierra entre mis puños y aunque estaba en el suelo, sentía que la humillación me había llevado hasta más abajo. No quería llorar. Me extendió su mano y yo la rechacé. Supongo que entendía a la perfección mis sentimientos y estoy seguro que si hubiese sido al revés, si yo le hubiere ofrecido mi mano, él la habría rechazado con la misma mezcla de ira y humillación.
- Voy a prepara una bolsa con hielo, entra cuando estés listo – respiró intensamente y entró a la casa.
Me tomó unos minutos ponerme de pie, pero casi me tardé una hora en entrar a la casa. Las luces estaban en su mayoría apagadas y la mesa del comedor estaba vacía. Entré en la cocina, estaba iluminada, y la bolsa de hielo estaba en la mesa. Noté que mi padre también estaba ahí. Deseaba no encontrarlo hasta mañana, pero parecía estar esperándome. En sus manos habían un vaso a medio servir de wisky y un cigarrillo. Me ofreció de su licor, el cual acepté y mientras me servía puse la bolsa de hielo en mi frente.
En el recuerdo de esa decisiva noche estoy seguro, ahora, que el mayor dolor era el de él y rezo con que algún día me convierta en la mitad del hombre que es él.
De inmediato la mesa cayó en silencio. Sentí que todos me miraban atónitos en silencio mientras vi que la cara de mi padre se había vuelto roja. No podía creer lo que le había dicho a mi padre. Por mi mente pasó la ligera idea de pedir disculpas, pero eso sería renunciar a mi causa y a lo que tanto amaba, aunque muy bien sabía que sólo era un capricho de niño.
La noche estaba muy helada y el sonido de la puerta azotándose con ira jamás lo olvidaré. Tenía la vista puesta en él, pero no en sus ojos, estaba demasiado asustado y sentía como las rodillas me temblaban. Había hecho esto miles de veces, pero éste era el primer enemigo del cual sentía un miedo horrible ¡me petrificaba! Sentí retumbar en la distancia los pasos del viejo al bajar por la entrada de la casa hasta el patio delantero donde lo esperaba con un miedo infernal. Todo ese silencio fue interrumpido por un ligero grito de mi madre dentro de la casa que ordenaba a todo el mundo alejarse de las ventanas. Entonces él dijo:
- Hijo… esto me va a doler más a mí que a ti - había demasiada tristeza en sus palabras.
A pesar de que jamás me había mentido en la vida, no pude evitar dudar de sus declaraciones: he visto como mis hermanos han vuelto a la casa muchas veces, más de las que se han peleado con él y he visto como le han pedido disculpas por sus actos, incluso yo estaba seguro que él me perdonaría esto mucho antes de pensarlo.
Estábamos con la vista fija el uno al otro y con los puños sumamente apretados. Se había acercado un poco más y sentía que me doblaba en el porte, inconscientemente me había parado en mis dedos. Sabía que él me hubiese dejado ir, pero no lo habría aceptado. Años de frustraciones me habían llevado hasta esta noche y ahora el pagara por todas las veces que tuvo la razón.
Todo terminó en menos de un minuto y me di cuenta que la sangre venía de mi boca y mi nariz, pero que las lágrimas venían de sus ojos. Apreté la tierra entre mis puños y aunque estaba en el suelo, sentía que la humillación me había llevado hasta más abajo. No quería llorar. Me extendió su mano y yo la rechacé. Supongo que entendía a la perfección mis sentimientos y estoy seguro que si hubiese sido al revés, si yo le hubiere ofrecido mi mano, él la habría rechazado con la misma mezcla de ira y humillación.
- Voy a prepara una bolsa con hielo, entra cuando estés listo – respiró intensamente y entró a la casa.
Me tomó unos minutos ponerme de pie, pero casi me tardé una hora en entrar a la casa. Las luces estaban en su mayoría apagadas y la mesa del comedor estaba vacía. Entré en la cocina, estaba iluminada, y la bolsa de hielo estaba en la mesa. Noté que mi padre también estaba ahí. Deseaba no encontrarlo hasta mañana, pero parecía estar esperándome. En sus manos habían un vaso a medio servir de wisky y un cigarrillo. Me ofreció de su licor, el cual acepté y mientras me servía puse la bolsa de hielo en mi frente.
En el recuerdo de esa decisiva noche estoy seguro, ahora, que el mayor dolor era el de él y rezo con que algún día me convierta en la mitad del hombre que es él.
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3 comentarios:
holi::. debo decir que me enknto tu historia es demasiado llena de sentimientos, creo que tienes mucho que decir y esto del blog creeme que es una terapia..
yap niño gracias por su respuesta salu2
spacecowboy
Hola señor Lyon, gracias por sus comentarios y te inclui en mi msn, espero q nos veamos pronto y por que se fueron tan temprano el otro dia??? Bueno, me encontre con una friend q no veia hace como 1 año y aproveche de conversar con esa.Saludos y sigue con el terapeutico blog
hola puta la wea tenia medio texto
escrito y como no estaba registrado lo perdi, peor bueno...esta wenazo el cuento como dice chela esta lleno de sentimientos, espeor algun dia escribir me cuesta pero ...en el colegio una compañeor me decia q debia hacerlo x las cartas q escribia...ajjajaja bueno saludos
beto
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