domingo, 25 de noviembre de 2007

Billy Wilder







Director, productor y guionista… algo frío para lo que realmente era este grandioso de Hollywood, uno de lo hombre más queridos, cuya miraba bonachona emociona y provoca nostalgia, pues partió de este mundo el año 2002, dejando un legado de películas que lo mantendrán siempre en el cielo de las grandes estrellas clásicas.

Judio exiliado durante el régimen de Hitler, mientras su madre moría en los campos de concentración, emprendió carrera como reportero en un diario en Austria – país de nacimiento. Llegó a EEUU como guionista de la Paramount.

Dirigió obras de amor, amistad y locura. Tan diferente que no se podría catalogar a esta leyenda en un solo genero, pues nos dio films tan hermosos y románticos como Sabrina y The Apartment, películas con demencia tales como The Lost Weekend, Sunset Blvd.; Intrígas y misterios en Double Indemnity y Stalag 17, película en la cual mezcló también su tan famosa comedia, la cual es sumamente reconocida gracias a las películas The Seven Year Itch, Buddy Buddy, Irma la Douce y la reconocida como la mejor comedia de todos los tiempos, Some Like It Hot.

Teniendo como de colega más cercano a Jack Lemmon. Wilder siempre se refería a él como un hombre de gran alegría, pero que no podía esconder la tristeza de sus ojos.

Así es que este abuelito de aspecto bonachón, ganador de 2 Oscars como Directos y 4 más por Productor y Guionista, es que nos deja este legado del cual siempre disfrutaremos, con este estilo único e irreconocible que nadie podrá superar jamás.

sábado, 10 de noviembre de 2007

Ese Verano




Al abrir mis ojos me di cuenta que aún quedaba mucho camino para llegar a mi destino. El bus iba completamente en silencio. La mayoría de los pasajeros iban dormidos. Me acomodé en el asiento con la intención de volver a mi sueño una vez más, pero algo en el camino hizo que perdiera por completo el sueño: uvas, centenares de viñedos. Todos eran movidos por el viento casi en un baile y relucían sus hojas a la luz del brillante sol. Entonces la recordé; recordé todo. Solté mi corbata y me relajé en el asiento. Ya habíamos pasado las parras. Cerré los ojos y fui transportado a ese lugar.
Contaba con quince años cuando fui enviado por mis padres a un fundo muy lejano para trabajar. Era un verano hermosísimo y lo que menos quería era trabajar. Mi misión, como me explicó el encargado cuando llegué, sería de sacar los racimos de uvas. Fue entonces cuando la vi, cruzando el campo con una sombrilla sobre su cabeza. Era una mujer joven, pero el paso de los años y al parecer un enorme sufrimiento habían endurecido su cara. Aún así se notaba en ella cierta calidez. Tenía el pelo más negro y brillante que había visto y caminaba con tanta elegancia que el viento no se atrevía a despeinarla. De inmediato entró al gran caserón que era el centró de la finca y desapareció… como un espejismo.
Los días de verano eran más crueles que en cualquier otra parte del país. Las gotas de sudor se evaporaban antes de tocar el piso y sentía como toda mi ropa pesaba. El agua que bebía en los campos estaba tibia y un viento seco y cálido corría por doquier. Todos a mí alrededor trabajaban en silencio y con la mayor meticulosidad posible. Recuerdo que durante un almuerzo alguien mencionó a la mujer que vi a mi llegada, al parecer la dueña del fundo. Todos decían que era viuda y que su marido había muerto de las formas más horribles: unos contaban que fueron ladrones quienes entraron al caserón una noche y que lo balearon en su esfuerzo por proteger a ella. Otros contaban que se ahogó un invierno, que el río se desbordó mientras el trataba de cruzar a otro lado en caballo para rescatar una ovejas. Otros no lo tildaban de héroe, simplemente decían que había huido con una empleada mucho más joven que su mujer. No recuerdo ahora la cantidad de cuentos que escuché acerca él, pero cada uno era más diferente que la anterior
Los atardeceres eran hermosos en la finca: el cielo se tornaba de todos colores antes de que el sol se metiese, pero era una muy singular combinación de celestes, naranjos y rosado a cierta hora del día en que su corazón latía desenfrenadamente y en que la tranquilidad de su mente eran plenas. Comenzaba a soplar un viento frío que aliviaba el calor del día. La tierra comenzaba a brillar y se escuchaba un murmullo en el viento que arrullaba. Sentía calma en todo mi cuerpo y me sentía casi alegre de estar en ese lugar en vez de mi hogar. Estaba seguro que a esta hora del día finalizaban de tomar once y peleando para ver quien lavaba los platos. Estaba muy contento de estar lejos de ahí.
La noche comenzaba a caer y me hallé solo. Ya todos habían partido a los dormitorios. Hoy era noche de cartas y alguien aseguraba que traerían un licor muy exótico que se habían robado del caserón. Me encaminé a los dormitorios divirtiéndome pateando piedras. De pronto sentí un fuerte galopar de caballo y apareció frente a mí y en una enorme yegua la dueña del caserón. No pude evitar mirarla directo a sus ojos. Eran cafés y enormes. Sentí que ella miraba los míos también, como si pudiese leer mi mente, como si supiera que yo conocía del robo a su casa, que yo sabía de todos los rumores que circulaban sobre la misteriosa desaparición de su esposo. El pánico invadió mi cuerpo y me quedé quieto. Entonces el caballo pasó corriendo a mi lado. No quise darme vuelta a ver como la figura desparecía ni para donde se dirigía. Quedé estático durante unos segundos más antes de volver a mis sentidos; seguí mi camino. Tenía la camisa toda sudada nuevamente, a pesar del frío que estaba haciendo.
Los dormitorios estaban vacíos cuando llegué. Tal vez iban a jugar a otra parte y no estaba presente cuando hicieron el anuncio. De todas maneras, después del evento ocurrido hace poco no tenía muchas ganas de jugar cartas. Decidí acostarme, mas sobre la cama. Ya estaba cayendo en mis sueños cuando sentí ruidosos pasos en la habitación. Era ella. Me hice el dormido. Ella dio una vueltas por la habitación de 6 camarotes y se fue con el mismo ruido con el que entró. A la mañana siguiente todo mi grupo de dormitorio fue amonestado y castigado con trabajo nocturno para este día por estar fuera de los dormitorios pasado la hora, menos yo. Ella ya me tenía identificado.
Ese día no sentía hambre. El susto de la tarde pasada y de la noche aún colgaban de mi pecho, por eso fui a caminar a orillas del río. Me senté en un cómodo lugar bajo un árbol. El ruido del agua y el calido viento me estaba adormeciendo, pero nunca iba a poder estar tranquilo. Sin que yo lo notara había aparecido ella. Me paré de inmediato y pretendía disculparme por… lo que fuera, pero ella ordenó que me sentara.
- ¿Un cigarrillo?
- Gracias –al momento que prendió el suyo me ofreció fuego. Era la primera vez que fumaba y no sabía por que había aceptado; el gusto me pareció horrible y tosí hasta el alma. Ella río al ver mi respuesta, pero aún así no me atrevía a tirar el cigarro.
- Hace años que no comparto un cigarro con alguien… desde que murió mi marido. Fue cáncer ¿sabías?... Yo también he escuchado esos cuentos – su expresión de tristeza al hablarme fue muy notoria como para esconderla - Sufrió mucho y en ningún momento me aparté de su lado. Era mucho, mucho mayor que yo… de hecho tenía más o menos tu edad cuando me desposé con él, pero lo amaba… -sus declaraciones me dejaron perplejo: a pesar de habernos visto en ocasiones muy limitadas y de ser yo su empleado, ella demostraba esta ciega confianza.
- Es hora de que me vaya –no me había dado cuenta y ambos cigarros se habían consumido –nos veremos uno de estos días. Eso fue lo último que dijo antes de desparecer. Yo seguía atónito.
Había caído la noche una vez más y estaba solo en los dormitorios. Todos habían partido recién a sus faenas de castigo. El aire estaba fresco y regocijante, sin embargo, yo seguí muy pensativo por lo ocurrido este día. La noche y mis pensamientos fueron interrumpidos por unos tranquilos pasos. Era ella una vez más. Me levanté al verla totalmente asustado y fuera del lugar, pero ella invitó a que me sentara nuevamente. Me ofreció una de las tazas de café caliente que traía, una honesta sonrisa, aún, se dibujó en su rostro al aceptar su regalo. Noté que su ropa no era la de siempre, vestía un vestido blanco, algo viejo que olía a naftalina. Entonces comenzó a hablarme. De pronto se convirtió en una plática muy amena. Noté cierta alegría en sus ojos y en su risa que jamás había visto en una mujer. En el aire, junto con el agradable viento de verano que entró en la pieza, surgió un hambre que hasta un niño como yo podía notar. Vi como sus manos de cuero se convirtieron en terciopelo al tocarme, no había nada más que la noche entre nosotros. Ella se acercó más a mí, fue cuando le murmuré…
- Yo nunca…
- Está bien –susurró suavemente ella.
Tenía la necesidad de sentir en ella el trueno y de ver ese relámpago en el cielo, de contemplar la tormenta en todo su esplendor ardiendo en los ojos de su amante. Tuvo que dominar el fuego de su pasión, como si fuera un cometa brillante, corriendo a la velocidad del viento, llegando sólo donde los sueños van, quemándose los dos en la noche.
Abrí los ojos y de nuevo estaba en frente de otro campo de choclos. Y como por arte de magia una fría brisa de verano apareció de la nada.
Muchas veces pienso en ese verano: en las tibias noches de lunas. Nunca he tenido otro verano en que no haya venido a mi mente el pensamiento de su cara.
Contemplé como todas las plantas seguían bailando con el viento. Y sé aunque sé que no es real, pero no puedo evitar sentir sus hambrientos brazos de nuevo.

Basado en la canción de Garth Brooks, That Summer.

martes, 6 de noviembre de 2007

Verano Ad-Portas


El pasto aún no comienza a picar, lo cual de da otros 10 minutos más. Amo el cielo de este color, esos mismos colores que describí en “Los Colores del Mar”: púrpuras, morados, azules, celestes, naranjos, amarillos casi muertos por la pronta llegada de la noche; cielos de verano, tan tranquilos, tan hermosos, tan de verano. El agua de la piscina aún no llega hasta arriba, pero eso no elimina la emoción que se mueve en mi corazón, como un niño de 8 años… y hablando de niños, ahí esta mi sobrino, tendido a mi lado, mirando el cielo, como si esperara las estrellas.

¿Cómo será el mundo para esos ojos? Ojos que buscan jugar. ¿Qué pasara por esa pequeña mente suya? Este no será el primer verano que pase conmigo ¿acaso recordará los anteriores? La pasamos muy bien, era un poco más pequeño que ahora, pues tenía un año y no pasaba de los 6 meses; así como el verano anterior no pasaba de los 6 meses. Nos divertimos mucho y desde entonces lo he considerado mi hijo. Dios lo bendiga.

A pesar de toda la quietud y el escenario de verano, hay algo que falta, no es el agua restante para zambullirse como loco, es algo más… como si no hubiese música en esta película. Aún así la naturaleza lo presiento y no son grillos los que manda a cantar, sino un raudo viento, señal de que aún no es verano “¡no te relajes Javier, te queda muy poco, pero no es tiempo!”.

Tranquilamente nos levantamos y entramos a la casa; una vez adentro la comezón comienza en mis brazos y torso, la alergia del pasto… el verano viene implacable y lo estaré esperando con la mejor de mis sonrisas.

domingo, 4 de noviembre de 2007

Love Life: Mí y Sus puntos de vista.







Creo que no soy el único que desde pequeño quiso tener alguien con quien compartir todos los momentos de la vida. Me declaro romántico, sin solamente aludir a la parte sentimental en cuanto a parejas, sino es más bien un plano general: me gustan las novelas con finales felices, la música clásica que habla sobre las grandes aventuras, las películas en que todo es felicidad... en fin.

No quiero decir que estaba desesperado buscando el amor, pero sí me concentré gran parte de mi vida pensando ¿cuándo llegará ese día? Y después de pasar por muchas desilusiones, relaciones fallidas y proyectos que nunca se concretaron, hoy puedo decir que han golpeado a mi puerta y ha sido la más grata de las visitas.

No pretendo divertirme con la vida amorosa de mis amigos, pero es didáctico ver los distintos escenarios de la vida, conste que todos estos son hombre heterosexuales y su aprecición de lo que desean... o no desean:

Busca mujer que sea ama de casa, mujer de preferencia “entradita en carne”, con el objetivo consistente en un casa blanca, pasto verde, un pequeño columpio al lado y un árbol en la vereda exterior. Desafortunadamente mi buen amigo se topa con todo lo contrario, hasta el punto de hablar de matrimonio cuando la relación lleva un par de días, llevando a espantar a la contra parte y nunca más saber de ella. Por más que le aconsejamos que esa no es la “forma” de hacer las cosas, se mantiene firme en sus convicciones, con la ciega esperanza de que llegará justo lo que quiere. Dominio en la seducción: no mucho.

Busca mujer que sea una modelo, reina de belleza y lo idolatre como si fuera el señor un señor fuedal. Quiere de igual manera que las cosas pasen rápido y se consumen lo antes posible: casa e hijos. Mi teoría a este pensamiento es flojera: ya no quieren buscar más y quieren asentarse definiftivamente. El tipo de mujeres con las que se ha topado cumplen el requisito de idolatrarlo... por un momento; al parecer no entretiene mucho a las mujeres conversaciones sobre el físico, resultado: huída olímpica de la escena del crimen. Dominio en la seducción: bueno, pero no sabe deternese, no deja queriedo más y es para las mujeres la sensación de comer mucho chocolate... se astían.

Busca mujer que se quede en la casa, pero que sea un 7 para todo: cocine como los dioses, tenga la casa como una verdareda imagen de revista, sea apasionada en la cama y cariñosa con los niños y que adore cada segundo de su vida sin querela cambiar por nada; el papel de mi amigo es ser el sustento de la casa y disfrutar de sus hijos como sobrinos, de preferencia los fines de semana en las horas de no siesta. Lo que no me gustaría que pasara: que tuviera una aventura causada por la monotonía de casarse con esta mujer de comercial de detergente. Dominio en la seducción: Bueno, logra los objetivos, pero no se deja llevar por nada.

Busca mujer profesional, que aporte, que trabaje. Él no quiere ser el sustento de la casa, quiere gozar su vida y los furtos que traerán el ser profesional. Disfrutar el matrimonio, a la mujer que escogió, pues finalmente uno no se casa con los hijos. Sus gustos son simples: ni gorda ni flaca, femenina pero no hueca, amante de la casa y la flojera, no histerica, no gritona, prácticamente como si se casara con su mejor amigo sin caer en la homosexualidad (no es que tenga prejuicios). Dominio en la seducción: malo, muy malo; le da miedo una situación en la cual tiene oportunidad y usa el alcohol como reemplazo de su personalidad... en vez de usarlo para inhibir algunos sentimientos, ¡los inhibe todos!

Sin embargo les deseo a todos suerte y que sus deseos se cumplan. Todos merecen tener una vida plena.