viernes, 31 de agosto de 2007

Ch-ch-ch-changes....


¿Qué pasó en este par de años? Mi experiencia universitaria no es algo de lo cual siempre podré recordar algo positivo, partiendo por el hecho que nunca me he sentido 100% comprometido con mi carrera y por el hecho de que no comencé mi vida social con el pie derecho. Sin embargo eso es tema para otro artículo. Está vez me centraré en el “cambio”.

Al pasar un par de años en la universidad, encontré gente que con la cual cree lazos. La verdad es que era excitante, porque veía ante mí gente madura, gente cuyas bromas no eran las niñerías de las cuales me tenían hastiado la gente del colegio. Nunca he sido un maestro en conservar amistados o entablar nuevas, pero estaba maravillado con este nuevo espécimen: el universitario y yo me estaba convirtiendo en uno. Repentinamente me gustaba estudiar, no podía alejarme del campus y los fines de semana eran una verdadera tortura, sobre todo cuando mis amigos del colegio se trataban de comunicar conmigo. Ya no quería más carretes pretendiendo que estábamos en el patio sentados en las bancas, quería música acorde, cerveza de buena calidad y conversación ad-hoc a las experiencias vividas. Había dejado atrás mi pasado y el futuro se veía comprometedor. Pero al parecer, junto con la mala elección de carrera, veían muchas malas decisiones.

Sin embargo, pasaron unos años… comencé a conocer bien a esta gente… y fui descubriendo cosas, las peores cosas, pero por sobre todo la envidia, los celos, la burla, lo deshonestos y lo doble estándar que eran. Me había arrepentido en lo más profundo de alguna vez haber dejado a mi gente de lado, pues dentro de todo, seguíamos siendo niños en este mundo de “adultos” horrorosos en que me había dejado hipnotizar por algo que parecía oro.

Ahora viene la pregunta existencial ¿quién cambio? No puedo negar un cierto cambio de mi actitud, pues antes era muy distinto, pero no creo haber cambiado en cuánto a lo que soy y no creo haberme puesto malo… y no creo estar en esa etapa en que me aburro de la gente, además no creo tener el autoestima tan alta como para creer que todo el mundo me envidia y quiere ser como yo. Una muy buena amiga me dice “simplemente no los habías conocido bien…”, lo cual es sumamente curioso, porque ¡han pasado tantos años!

La gente es muy curiosa, hay quienes no son tan difíciles de conocer, que al cabo de pocos días son libros abiertos que uno disfruta leer y leer, otros son como inmensas lagunas: hermosos desde la orilla, pero que al intentar nadar en ellos corre el gran peligro de ahogarse… y tal vez es necesario un poco de agua por las narices para darse cuenta… que es mucho mejor aquella piscinita que ha crecido junto a ti, tal vez cuando tenga un bote más firme o brazos más fuertes los podré cruzar y hacerles notar que no son tan grandes como ellos creían… aunque sería mucho mejor que ellos se dieran cuenta de eso mucho antes… no soy tan arrogante.

Saludos bloggeros.

jll

1 comentario:

Andrea Martínez Maugard dijo...

Mi amigo León, son tantas las veces en que a muchos nos ocurrió lo mismo pero vale más tarde que nunca en darnos cuenta que los que siempre han estado a nuestro lado son los verdaderos amigos, aunque mucho en comun a veces no tengamos..
Saludillos siga tan estiloso como siempre